L, L, L, L tenía una caja de pandora, no sabía qué hacer con ella, le asustaba y de vez en cuando sus cerrojos chirriaban como quien amenaza con matar a otro solo con un sonido, un silbido, un soplo, o en este caso, un estúpido y estromecedor chirrido. L quería morir cuando lo escuchaba y se escuchaba, L fue a vomitar a ver si con esa masa medio amarillenta medio blanca salía la cajita, pero, ¡ay! L, siguió muriendo, entonces decidió que no podría ser un problema tan grande, y L empezó a pensar que tal vez la caja no estaba en sus mugrosas entrañas, sino que corría por su sangre O+ en forma de palitos, así que empezó a cortarse los brazos y las manos para ver si salían astillitas punteagudas, astillitas que ardían y que eran de madera y metal, pero L no vio nada y decidió ir a un hospital de loquitos físicos y loquitos mentales, para que el doctor le quite el dolor que le causaba la cajita, el doctor le dijo a L que no podía hacer nada con las personas malas, y L cogió sus cosas del consultorio y se largó con un nudo en la garganta, la decepción en el vacío de su billetera y con el chirrido de la caja; L sintió que la señorita E. estaba viniendo en tacones y faldita a buscarla para reanudar su relación en un clímax pasado y familiar, L la espero pacientemente para pedirle que le saque la cajita del cerebro; y es que ya no había otro lugar posible en donde su cuerpo pudiera albergar el objeto que la desencajaba, y que por cierto era una caja de mierda; la señorita E. se bajó del taxi, L le abrió la puerta, la señorita E. la cogió de un brazo y la llevó a su cuarto a rastras, L sintió el estremecimiento del roce de la señorita E., L se sentía morir, L quería morir, la señorita E. cumplía su trabajo y su razón de vivir, L tembló, sudó, lloró, murió, la caja nunca salió, la señorita E. sonreía mientras L perdió el aliento, la señorita E. cogió sus tacos, se perfumo con el olor de la muerte y bajó las escaleras despacio, se metió a la casa de un vecino, y continuo con su vida.
La caja siempre fue de L, la caja era su alma.
- Niña tonta.
La caja siempre fue de L, la caja era su alma.
- Niña tonta.
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