14 feb. 2012

Rocíame con Cianuro

Una tarde calurosa, anaranjada y húmeda nos saludaba y decidimos escapar a un no-lugar para refugiarnos de las miradas y del clima aborrecedor, éramos nosotros y el mundo entero, pero al parecer había algo que nos hacia separarnos del mundo entero, no se si exactamente eran los cigarros de vainilla o eran los de menta, o tal vez eran los jeans con huecos de A o los jeans viejos de J que lo eran tanto que parecían pantalones blancos gruesos. No me importaba que la poca gente que había en la estacion-parada-improvisada nos mirase un poquito feo, pero era inquietante saber lo que pensaban, aunque ya me lo imaginaba.
Esperábamos aburridos a los buses que iban a los pequeños pueblos en camino a la carretera; el sol era inclemente y los bancos pobremente cubiertos con toldos de lona no bastaban. Tres felices tigres yendo a la nada, en medio de la nada, pero OJO: eran felices. Así pasaban los minutos mudos mientras no dejaba de pensar en lo que íbamos a hacer, podriamos tal vez entrar a un campo de cultivo y robarnos algunas frutas, o esperar a que J y A orinen detrás de un muro, o de repente dormir y jugar en un lago apacible, como héroes de películas fantasiosas; hasta que llegue la noche y violar mis mas profundos principios de moralidad y recato, lo cual me hizo sonreir hasta que se escucho un motor languido a lo lejos: DAMN IT!. Poco a poco aparecia uno de esos buses de ciudad destartalados y viejos que eran llevados a morir en provincia, y al parar la gente dio un suspiro de alivio, agradeciendo a Diosito el que exista un bus, un chofer y un motor que se apiade de nuestras almas pecadoras, y fue asi que el ayudante bajo para meter las maletas en la parte inferior (las partes) del bus, con lo cual subimos por las escalerillas de metal y A y J cogieron dos asientos que estaban al lado de la ventana enorme del pestillo roto, A me invito con la mirada a sentarme sobre sus delgadas piernas, asi que me pose sobre el y al arrancar el chofer todo era bello a nuestro alrededor, un paisaje hermoso diría yo y es que estaban sentados uno detrás del otro y yo encima de A viéndole los ojos a J tan transparentes y medio cerrados por el viento que se colaba sin más por la ventana, viendo la sonrisa de los millones y la luz que se posaba en sus mejillas, todo era perfecto por el clima que había escapado de una menopausia terrible, parecía hacerse amable y juguetear con su pelo castaño; por el cual daría mi vida y mi maleta; A fumaba de manera tan dulce y rustica que deseaba que el humo me rozara el cuello para acariciar con los dedos el cigarro que merecía un nobel de sensualidad por pasarlo de A hacia J y de J hacia A que hacían mi vida mas bella y enternecedora; mis orejas estaban enrojecidas por la voz de A quien me pedía mas paciencia debido a mi silencio, pero sabia que no entendería que observaba a J enamorada, que sabia que no veía mi mirada de pupilas dilatadas, perdidas en los ojos de J, que sabia que nunca entendería como es ser amado por alguien que ama a otro.
El asfalto hacia que estuviéramos en un vaivén de baches, de miradas fugaces a los ojos de J, de un bus medio muerto, de palabras en el oído y caricias para A, mientras el cigarro seguía en una sesión de idas y venidas para morir gloriosamente en cenizas de salivas diferentes que se conocían muy bien, el trajín se hizo divertido, santo y libre; aunque A estuviera debajo de mis partes inferiores.
Sabia que conocíamos todos los caminos mientras estuviéramos los tres.
Y como una premonición anticristo el bus se detuvo con las puteadas del chofer y un desperfecto nos obligo a quedarnos en la nada de la nada, la tarde y el clima se detuvieron un instante por los gestos de los pasajeros, J y A no desesperaban mientras no lo hiciera yo, J y A amaban demasiado como para aceptarse, solo me pare, pedí permiso a la viejita del bastón, baje los escalones, pise la tierra y le pedi al ayudante mis maletas, J y A bajaron para acompañarme y me sonrieron: Todo ira bien, L.
Caminando, caminando y corriendo para juguetear encontramos un lugar disponible y así fue que luego de reencontrar nuestros cuerpos con el humo del cigarro rodeándonos, nos besamos de manera prolongada, nos acariciamos de manera prohibida y por ultimo nos quedamos dormidos en la cama amable que nos recibió con los brazos abiertos, pero al despertar solo me quedo el sueño mas hermoso de todos los vividos en la habitación donde siempre había estado desde antes de la tarde calurosa, anaranjada y húmeda.
Falso incorrecto, rocíenme con cianuro.

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