29 dic. 2009

Un solo latido.

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- Y me pegó
- ¿Cómo te pegó?
- Me dio una cachetada, hasta mi alma la escuchó. Luego me arañó, me jaló de los pelos, me puñeteó y me tiró al suelo.
- Ya.
Era una chica de rasgos extraños, con unos kilos de más, usaba lentes, tenía el cabello castaño oscuro, suelto y muy lacio; tenia los ojos de aquellos que no ven bien y que los achican para agudizar la vista, una nariz un poco ancha, era de piel trigueña y si no me equivoco era un poco más alta que el promedio.
Me hablaba y la escuchaba de la manera más minuciosa posible, ella era totalmente conciente de que era mi trabajo tratar de ayudarla, darle un consejo que le sirva, instrucciones impactantes y jamás pensadas, y que le cueste el precio justo de su paga y además aguantar una que otra, o miles de lagrimas en este proceso cotidiano, y que pasando el tiempo, me di cuenta que se volvió la esencia de mi trabajo; oír, hablar, aconsejar, despedir, cobrar.
Pero su historia me impactó.
Me salí del cuadro de los “profesionales”.
Sentí el latido de los que sienten pena.
- Me llevo a la comisaría a denunciarla, yo no pude aguantarlo y mis heridas me empezaron a arder con mi cabeza perdida. Aún no lo podía creer.
- Ujum.
- No entré nunca, luego me llevó en su carro a tomar un jugo en el mercado, no sentía el sabor y no tenía sentido estar ahí; las marcas me empezaron a doler y cada vez que lo recordaba me sentía miserable, sin embargo él no podía estar todo el tiempo conmigo así que me dejo botada en el lugar de los hechos y me dio una despedida que mas parecía una disculpa. No se lo perdone, pero me dolía tanto que no le reclamé.
- Probablemente tenía trabajo, ¿verdad?
- Taxeaba, lo odiaba.
- ¿Lo odias?
- No lo se aún, pero a veces parece que sí.
- Entonces no lo odias. – Quería decirle algo relacionado con su interior, decirle que su cerebro esta lleno de química y que todo es una mierda biológica que no sabia si entendería, pero no se lo dije.
- Entonces no lo odio, pero debe ser un sentimiento que aún no le han puesto nombre las personas como usted.
- Puede ser, pero sígueme contando.
- Umm, luego de eso, me metí a mi casa, me sentía atrapada y es más hasta el día de hoy odio mi casa, no se si a eso se le llama la casa “de” uno porque yo siento que es el sitio donde duermo y donde a veces puedo llegar y que me abracen porque casi nunca sucede, ¿que estúpida no?. Seguro nunca has escuchado estas cosas tan idiotas que hablo.
- He escuchado cosas y cosas pero todos somos diferentes y podemos decir las mismas palabras pero cada uno le da un significado personal, cada uno es un mundo diferente cuando se expresa.
- No me gusta cuando la gente se pone filosófica.
- Está bien, ¿deseas seguir contándome?
- Sabes, yo la quería, a pesar de todo, yo solo quería que me cuide y que nos abrace y que nos apoye, que este ahí, pero ella no pudo o no quiso, creo que nunca lo quiso, me sentía tan culpable de haber nacido y haberle quitado la oportunidad a otro de vivir, me sentí culpable de que hayan personas que querían vivir después de todo lo que había en el mundo, y yo era una nada queriendo morir por mis problemas, ni siquiera quería mirar, ni caminar, ni comer. Solo quería acabar con todo y no sentir ni mierda por ella.
Quería ser libre de mi misma, de mis miedos, de mi cabeza, de mis heridas. No se como podré contártelo todo, pero por algo pago.
Bueno, cuando nos golpeamos me sentí mas fuerte que ella, sentí que podía matarla y sacarle los ojos y luego llorar por ella y por lo poca cosa que era, quería que lo supiera, quería que me suplicara perdón y que se arrodillara ante mí, rogando piedad, pero al final su indiferencia y su orgullo me mató y termine arrodillándome yo, siempre me dio mucha cólera esa situación, porque ella es una puta idiota, siempre hace que la gente se sienta culpable y miserable, ella siempre pudo jugar conmigo, yo la amaba tanto, tanto que le hice mucho daño también, tanto que nunca me arrepiento.
A veces no quiero que nada de esto hubiera pasado porque cada vez que lo recuerdo me siento horrible.
- Puedes parar si deseas.- En realidad yo quería que se detuviese, su llanto era perturbador y sentía ganas de abrazarla, pero no podía, no tenía brazos.
- Voy a parar ahora.- Caminó hacia el escritorio, metió las manos dentro del cajón y sacó una cuchilla.- Es mas voy a parar por los dos, no es justo que sufras.
La chica se la clavó en mí, en su corazón.
Todo se fue a la mierda y fui perdiendo el conocimiento, la sangre se fue por todos lados, los glóbulos rojos me pedían auxilio y los blancos se chorrearon por el parquet, solo recordé el rostro de nuestra mamá, la mamá que nos hizo reír y jugar en el parque y que nos hizo trizas cuando nos golpeó y nos hizo tocar el suelo con la nariz.
No tengo palabras.
Esta historia es mi último latido.

1 comentario:

Dai dijo...

asuuu XDD hasta q x fin senales d vida

saludos ;D